¿Sustancia común o tesoro común? Algunas notas sobre "La teorí­a laboral del valor" de Marx y por qué deberí­amos tirarla a la basura

Por Dariush Sokolov: dariush.sokolov@gmail.com

Versión al rioplatense: Leonor Silvestri

Al anarquismo le falta economí­a. Ambos en términos de comprender la economí­a del existente sistema capitalista, y también en el sentido de encontrar alternativas y subversiones. Tenemos que empezar, básicamente, de cero. Hay muchos lugares para encontrar conceptos y herramientas, incluyendo teorí­as económicas ortodoxas y heterodoxas, otras disciplinas académicas, historias de anarquistas y rebeldes del pasado. Un gran error, uno que lxs anarquistas en general cometen aún, es otorgarle crédito a la difunta teorí­a económica marxista. Particularmente, tenemos que tener en claro que la teorí­a laboral del valor no funciona, no la necesitamos, ni como explicación ni como aspiración para capturar qué queremos decir acerca del valor. Este ensayo recoge algunos puntos de apoyo y de giro de la historia de una idea trucha.

Los Diggers “ Hacer de la Tierra un tesoro común

La teorí­a de Marx del valor es un desarrollo de las teorí­as laborales del valor de economistas clásicos anteriores, mayormente Adam Smith y David Ricardo. Pero versiones de estas ideas aparecieron incluso antes de Smith, justo al comienzo del capitalismo y su teorí­a. En particular, el filósofo John Locke (1632-1704) pergeñó una teorí­a de la propiedad basada en la ida de que el trabajo es el creador o fuente del valor. Marx identificó la teorí­a de la propiedad de Locke como la clásica expresión del concepto burgués del derecho contra los privilegios feudales, y mayormente su filosofí­a sirvió como base para todas las ideas subsecuentes de la economí­a polí­tica inglesa.

Pero deseo ir un paso atrás, una generación anterior a Locke, y comenzar con una idea de la Revolución inglesa: En el comienzo de los tiempos, la Razón gran creadora hizo a la Tierra un Tesoro común...

En 1649, después de 7 años de Guerra civil, el Rey Charles I fue decapitado e Inglaterra declaró un Commonwealth. Pero para las clases rurales trabajadoras, las que sufrí­an los dolores de parto del capitalismo, la Guerra fue extremadamente dura. Los Diggers eran pobres sin tierra que mediante la acción directa ocuparon y tomaron las tierras comunes, es decir, tierra que no se cultivaba y que pertenecí­a al feudo donde los habitantes del pueblo podí­an llevar a pastar a sus animales. Su primer campamento fue en la colina St. Georges Hill, Surrey, un poco antes de Abril: El Trabajo que haremos es el siguiente, cavaremos Georges-Hill y la tierra baldí­a de los alrededores, hasta sembrar grano, comeremos juntxs nuestro pan del sudor de nuestras frentes. Y la primera Razón es ésta, trabajaremos justamente, y sentaremos las bases para hacer de la Tierra un Tesoro Común a Todxs, el rico y el pobre, para quien haya nacido en la tierra, sea alimentado por la Tierra, su Madre, que lo trajo al mundo de acuerdo a la Razón y las reglas de la Creación.

Sus ideas sobreviven en un sinnúmero de poderosos panfletos comunistas, los mejores escritos por el digger de Surrey, Gerrard Winstanley. A partir de la inspiración recibida a través de una visión, según decí­a, Winstanley escribió manifiestos poéticos que combinaban la imaginerí­a bí­blica, la creencia en La Razón, un pacifismo cristiano radical y la mí­tica historia del Norman Yoke (El Yugo Normando). Sobre este enfoque, la propiedad privada se introdujo en Inglaterra con la invasión normada de 1066, desvirtuando un comunismo natural y nativo. La propiedad privada- ambas su inicial apropiación, y luego su defensa legal- era el asesinato y el robo. Para los Diggers, el sistema de la clase terrateniente no era la ley de Dios sino una imposición extranjera contra Dios: ... ustedes y sus ancestros obtuvieron su Propiedad mediante el asesinato y el robo, y mediante ese mismo poder la retienen lejos de nosotros, que tenemos el mismo derecho sobre la Tierra por Ley justa de Creación... Para la Tierra, con todos sus frutos de grano, ganado, y demás, fue hecho como almacenamiento de vida de toda la humanidad, amigos y enemigos sin excepción.

El movimiento fue pequeño y duró poco, reprimido por los terratenientes locales, pronto se demostró claramente de lado de quién estaba el nuevo régimen Parlamentario: El Rey Charles los conquistó mediante la polí­tica y ganó sus tierras aunque aparentemente ustedes le hayan cortado la cabeza.

El interés en Los Diggers revivió con los historiadores Marxistas, como Eduard Bernstein en 1895. Aunque para los marxistas, los Diggers nunca podrí­an escapara al anacronismo- el mundo no estaba preparado: la revolución Inglesa volvió a su propio curso y orden histórico- ningún tesoro común sino la emergencia de la clase burguesa, derechos de propiedad capitalista, privatización acelerada de las tierras comunes, desplazamiento de los pobres sin tierras a zonas urbanas como proletarios.

Locke “ Una teorí­a laboral de la propiedad

Por eso ahora vamos a Locke, que teoriza la propiedad y el gobierno para la época burguesa. El primero de Los dos Tratados del Gobierno Civil (1689) es una crí­tica a la teorí­a del teórico patriarcalista Robert Filmer, un creyente en los derechos divinos de los reyes. El segundo tratado se refiere a la teorí­a del contrato social en el cual la razón de ser del estado es la defensa de los derechos de propiedad.

Pero si observamos de cerca la teorí­a de Locke, bajo la superficie se encuentra algo más, ¿otra lí­nea de oposición? La discusión sobre la propiedad del Segundo Tratado comienza así­: Ya sea que consultemos la razón natural, que nos dice que los hombres, una vez nacidos, tienen derecho a su preservación, y por tanto a manjares y bebidas y otras cosas que la naturaleza ofrece para su mantenimiento, o consultemos la revelación, que nos refiere a los dones que hiciera Dios de este mundo a Adán, y a Noé y a sus hijos, clarí­simamente aparece que Dios, como dice el rey David Psal. cxv. 16, "dio la tierra a los hijos de los hombres"; la dio, esto es, a la humanidad en común. Pero, este supuesto, parece a algunos subidí­sima dificultad que alguien pueda llegar a tener propiedad de algo...

Por lo menos en este pasaje, la teorí­a de Locke no está tan en desacuerdo con la propiedad feudal como contra el comunismo de Winstanley. ¿Quiénes son estos para quienes la propiedad privada parece ser una gran dificultad? ¿Podrí­a ser que algo de las ideas de los Diggers hubiera sobrevivido hasta 1689?

Para obtener la propiedad privada del Tesoro Común, Locke comienza con los humanos, nuestros cuerpos - cada hombre, empero, tiene una propiedad en su misma persona. A ella nadie tiene derecho alguno, salvo él mismo. Y continua, podemos movernos de nuestra propia autonomí­a personal hacia nuestro propio trabajo: El trabajo de su cuerpo y la obra de sus manos podemos decir que son propiamente suyos.

Pero cuando mi cuerpo trabajador produce algo- algo externo, separado y aparte- también tiene que haber habido una participación de cuerpos externos y de la tierra. Por ejemplo, si hago pan, éste es una mezcla de mi trabajo con otras cosas que he tomado de la tierra. Este es el argumento de la mezcla del trabajo de Locke. Mi trabajo es inseparablemente mezclado en el producto, mi trabajo solo puede pertenecerme a mí­, por eso nadie más que yo tiene derecho sobre mi producto.

Este argumento está lleno de grietas. ¿Aceptamos toda la noción inicial de propia pertenencia individual? ¿Podemos deslizarnos del trabajo como acción de mi cuerpo al trabajo como sustancia independiente que se separa de mí­ y se convierte en productos? ¿Incluso si nadie se puede apropiar de algo que yo haya trabajado, eso quiere decir que yo si puedo? ¿O la famosa ecuación de Robert Nozick: digamos que hago jugo de tomate mezclando mi trabajo con tomates, luego mezclo el jugo de tomate con el mar, me he vuelto poseedor de los océanos?

Locke refuerza la noción de mezcla del trabajo con otra lí­nea, y aquí­ la discusión se acerca a algo cercano a los Diggers- cerrar tierras. Para Winstanley cerrar tierras es robo- para Locke es un regalo. Cerrarlas y cultivarlas hace la tierra 10 veces más abundante. El trabajo crea riqueza. Sí­, la tierra hace su contribución esencial- pero la mayor parte es del trabajo. El tesoro de la tierra es magro- solo la organización humana y el sudor brinda frutos. En este punto, Locke vuelve a su ejemplo favorito “ los salvajes americanos: No puede haber demostración más patente de esto que la constituida por diversas naciones de los americanos, las cuales ricas son en tierra y pobres en todas las comodidades de la vida; proveyéndolas la naturaleza tan liberalmente como a otro cualquier pueblo con los materiales de la abundancia, esto es con suelo fructí­fero, apto para producir copiosamente cuanto pueda servir para la alimentación, el vestido y todo goce; y a pesar de ello, por falta de su mejoramiento por el trabajo no disponen aquellas naciones de la centésima parte de las comodidades de que disfrutamos, y un rey allí­ de vasto y fructí­fero territorio, se alberga y viste peor que cualquier jornalero de campo en Inglaterra.

Donde sea que Locke se refiere al cultivo de la tierra, habla de privatización, de cerrar tierras. El mundo les fue dado a todos los hijos de los hombres en común, pero para hacer uso de ella y enriquecerla con el trabajo tiene que ser parcelada ... para los usos particulares, en lo que no podí­a haber duda de derecho, ni campo para la contienda. Ya sea que Locke esté o no refiriéndose a los Diggers y su idea de un Tesoro Común, su respuesta “ cultivo común- es simplemente pasada por alto.

Es interesante aquí­ leer de nuevo a Winstanley y ver algo que no enfatizamos la primera vez: los Diggers no esperan recibir valor de la tierra sin trabajo. La idea de que la tierra es un tesoro común no significa que es un don divino a dar por sentado- es algo que tenemos que crear, trabajarlo: El trabajo en el que estamos es el siguiente, cultivar Georges-Hill y sus alrededores baldí­os hasta Sow Corn, y juntos comer nuestro pan con el sudor de nuestra frente... y crear las bases para hacer de la Tierra un Tesoro a compartir por todos...

El resto de la teorí­a de Locke es una ficción de contrato social que compite con Hobbes y Rousseau, de la cual solo haré un breve resumen. En el estado natural temprano, la gente tení­a un derecho limitado a la propiedad “ la gente solo podí­a reclamar aquello que podí­a mezclar con su trabajo- tanta tierra como puedas trabajar- en tanto y en cuanto, en un estado de abundancia original, haya suficiente para todos. Luego la invención de la moneda les permitió acumular riqueza más allá de lo que pudieran almacenar y guardar fí­sicamente. La desigualdad que esto genera está justificada, según Locke, por un acuerdo contractual.

Marx “ la sustancia secreta del valor

¿A qué nos referimos por teorí­a laboral del valor? Hay tres tipos principales. La creación de Locke es primeramente una teorí­a laboral de la propiedad más que del valor. Pero para llegar allí­ introdujo una forma de teorí­a del valor- el trabajo como fuente (predominante) de valor económico. Nuestro mayor foco, aunque es un segundo tipo de teorí­a, toma el trabajo como la medida del valor en las relaciones económicas. Este tipo de teorí­a fue desarrollado por economistas clásicos, como Smith y Ricardo. Karl Marx, el último de los economistas clásicos, adoptó su enfoque y trató de convertirlo en una herramienta contra la clase capitalista.

Hay un tercer tipo de teorí­a laboral del valor- una teorí­a de derecho o justicia distributiva como cuando decimos un trabajador tiene derecho a todo el producto de su trabajo. Volveremos luego a esta idea.

Como otros clásicos, Marx comienza con dos conceptos de valor diferentes. Valor de uso, la utilidad que le damos a nuestro producto o bien, lo que puede éste hacer por nosotrxs. Este valor de uso es contextual: si estoy en el desierto, una botella de agua es más valiosa que una bolsa llena de diamantes. Luego está el valor de cambio, el valor de un bien o producto relativo a otro bien o producto. El comienzo de este concepto es comparar las tasas a las cuales diferentes bienes se transaccionan en el mercado: citando a Marx por ejemplo, un cuarto de trigo, se intercambia por otros artí­culos en las proporciones más diversas. Las tasas del cambio del mercado también dependen de un contexto y fluctúan: El valor de cambio, pues, parece ser algo contingente y puramente relativo, y un valor de cambio inmanente, intrí­nseco a la mercancí­a (valeur intrinsí¨que) es exactamente tanto como lo que habrá de rendir.

Pero esta es una ilusión con la que Marx intenta romper. í‰l cree que bajo el valor de cambio yace una verdad, una sustancia estable que no fluctúa, a la cual a veces solo se refiere como valor. Y esto es lo que la teorí­a se propone explicar. El argumento central que Marx utiliza se apoya en la idea de una sustancia común. Dos bienes “ hierro y grano- se transaccionan a cierta tasa. Podemos escribir esto como una ecuación: 1 qtr grano = x cwt hierro. La única manera de entender dicha ecuación, según Marx, es que en ambas cantidades de cada lado de la ecuación existe algo común, de la misma magnitud, en dos cosas distintas- una sustancia común. Pero una vez que nos abstraemos de las propiedades de los bienes que tienen como valor de uso en su contexto especí­fico y particular, como cosas a ser usadas, la única propiedad común que queda es que han sido producidas por el trabajo humano. Sí­, la producción humana es variada y especifica (del ebanista o del albañil o del hilandero), pero podemos abstraernos de todos esos actos especí­ficos de la producción humana que Marx llama trabajo abstractamente humano. El trabajo humano abstracto es la material universal contenida “ encarnada, inherente y medible- a todos estos bienes.

La ecuación de Marx está tan mal como el argumento de Locke. Las ecuaciones de las que hablamos son tasas de cambio. Si decimos 20 metros de lino = un saco, es la abreviatura para decir que se pueden cambiar 20 metros de lino para un saco. No hay necesidad de una sustancia metafí­sica subyacente a las relaciones de cambio. Por ejemplo, en el juego de ajedrez, si el peón avanza hasta el 8vo rango puede ser cambiado por la reina. No hay ninguna sustancia metafí­sica involucrada. Si queremos ir más lejos podemos decir que lxs jugadorxs de ajedrez pueden hacer ciertas movidas y cambios porque acuerdan jugar con ciertas reglas.

Del mismo modo, puede ayudar ver las transacciones económicas como acuerdos entre partes con un trasfondo de reglas, convenciones e instituciones, que pueden variar, fluctuar, y evolucionar. Un mercado “ el de Nueva York, la city porteña, un mercado en Masaya Nicaragua o algo tan abstracto como el mercado de trabajo global- es un tipo particular de juego o sistema de intercambios con reglas y convenciones particulares.

Tampoco hace falta creer que haya algo llamado valor de cambio que pertenezca a un universo mí­tico y separado del valor de uso. Una vez que entendemos la naturaleza social del cambio, podemos ver como el valor de cambio tiene también que ver con el uso. Puedo usar el pan para comer, un hacha para cortar un árbol. Estas son las fuentes de su valor de uso, siempre unidas a necesidades especí­ficas y habilidades. Supongamos que no tengo pan para comer pero tengo un abrigo que no necesito. En ciertas circunstancias podrí­a cambiar el abrigo por pan. Las circunstancias que necesito son que exista alguien que quiera el abrigo, pero también que haya un mercado o algún tipo de sistema de cambio donde pueda realizar la transacción. Con un mercado el abrigo se vuelve útil, y éste le da su valor.

Otra manera de ver el valor, a la cual volveremos cuando veamos la noción de explotación es el poder. Podemos definir objeto de poder como la habilidad de usar un objeto que me permita alcanzar mis objetivos. Un pan o un hacha pueden ser objetos de poder- son cosas que me ayudan a lograr mis objetivos (alimento o construir algo). Con el cambio, puedo usar el objeto para satisfacer mis objetivos- pero indirectamente, cambiarlo por otra cosa. Un abrigo también puede ser fuente de poder- de poder social. El Poder Social, que es la forma de poder que necesitamos analizar para entender los sistemas sociales tales como los estados y los sistemas económicos se refieren a la habilidad de influenciar a otras personas para que me ayuden a conseguir mis objetivos. Por ejemplo, amenazar, ofrecer, o persuadir e influenciar flujos de información, conocimiento. A cambio, puedo usar el abrigo para hacer una oferta o lograr una interacción social.

¿Por qué esto no es suficiente para Marx? Para él y otros economistas clásicos, el cambio es algo efí­mero y arbitrario como para ser fundamental en la cuestión del valor. El famoso acertijo de Adam Smith sobre los diamantes y el agua muestra cómo piensa: Nada es mas útil que el agua: pero con ella no se puede comprar casi nada, casi nada puede ser cambiada por ella. Un diamante, por el contrario, tiene poco valor de uso, pero una gran cantidad de otros bienes pueden ser cambiados por él.

Estos casos prueban, a pesar de los clásicos, que no se obtiene ningún sentido del valor si se lo basa en vacilantes necesidades humanas, deseos o usos. Sin embargo, en la teorí­a clásica, un valor de uso era la condición necesaria para que un bien tenga valor (de cambio)- pero el uso no puede jugar ningún rol en determinar el valor. Como apartado relevante, supongamos por un momento que aceptamos la necesidad marxista de una sustancia común para entender las relaciones de cambio. ¿Es el trabajo el único candidato?

Recordemos que Locke sostení­a que el trabajo lleva a cabo el mayor rol en la creación de valor- pero la naturaleza (la tierra) siempre esta involucrada. Marx está de acuerdo con eso: El trabajo, por tanto, no es la fuente única de los valores de uso que produce, de la riqueza material. El trabajo es el padre de ésta, como dice William Petty, y la tierra, su madre.

Pero para el valor solo contribuye al valor de uso- cuando llegamos a los bienes de cambio, el rol de la naturaleza es eliminado. Ser productos del trabajo es una propiedad común de los bienes, lo mismo que ser transformaciones de sustancias naturales.

Sin embargo, para Marx el elemento natural de un bien es siempre particular, siempre ligado a su uso mientras podemos pensar el trabajo como sustancia abstracta universal. ¿Por qué no podemos llevar acabo la misma abstracción con la naturaleza?

Alquimia - Precio, valor - El problema de la transformación

La teorí­a laboral del valor supone que el trabajo es la fuente y la medida del valor. Los bienes son cristalizaciones, dice, de una sustancia común, solo hace falta pesar cuánto de esta sustancia un bien contiene.

El trabajo es medido en tiempo: horas, dí­as, semanas. Pero medir el valor no es tan simple como garabatear número de horas usadas para producir un bien. Primero hay que abstraerse de todas las especificidades- ¿cómo se compara el trabajo del ebanista o del albañil o del hilandero? Y hay que tener en cuenta que no son las horas reales trabajadas de lo que hablamos, si no socialmente necesarias, tiempo de trabajo socialmente necesario. Si se inventa una máquina para hilar algodón en la mitad del tiempo, el valor socialmente necesario del trabajo de una hilandera se vio reducido a la mitad.

Ahora bien, supongamos que desarrollamos un método de cálculo del tiempo abstracto de trabajo socialmente necesario. ¿A qué corresponden los valores de trabajo en el reino de los sentidos? ¿Hay alguna manera empí­ricamente de medir si nuestros cálculos de valor son correctos? Recordemos que estamos hablando de tasas de cambio entre bienes. ¿No son lo mismo que precios?

Hay algunas razones básicas por las que no querrí­amos igualar valor a precio. Por ejemplo, a veces se paga por algo más de lo que vale. O por otra parte, encontrás una oferta, un bien vendido por debajo de su valor. Aquí­ podemos comparar el precio con algún otro sentido del valor del bien. Algunas veces tanto ofertas o gangas son relativas al precio general del mercado- un vendedor particular estaba vendiendo relativamente barato a otros vendedores. Pero cuando miramos todo el mercado fluctuar “ por ejemplo, burbujas donde los precios suben o colapsan dramáticamente- podrí­amos ver que los mercados divergen de los valores verdaderos.

La idea general es que los precios de Mercado oscilan alrededor de los valores “ a los que Marx a veces llama precios naturales. Pero nunca son iguales: La determinación de las magnitudes de valor por el tiempo de trabajo, pues, es un misterio oculto bajo los movimientos manifiestos que afectan a los valores relativos de las mercancí­as. Como una secta de alquimistas, los economistas marxistas han estado 150 años agrupándose para develar el secreto de la transformación como base de los precios a valor. Otros economistas siguieron investigando y los dejaron detenidos ahí­.

Economí­a burguesa, de la vieja y de la nueva

La teorí­a laboral del valor de Marx vino directo desde las economí­as burguesas de Smith y Ricardo. Pero al mismo tiempo que Marx escribí­a El Capital, una nueva generación de economistas burgueses abandonaba las teorí­as del valor basado en el trabajo “ o en otros factores de la producción tales como la tierra y el capital-. Este fue el giro de la escuela económica clásica al marginalismo, lo que luego fue llamado economí­a neoclásica.

De nuevo, puede servirnos pensar en términos de agua y diamantes. Los clásicos sostienen que el valor no puede estar en relación a la utilidad, o el agua costarí­a más que los diamantes. Pero los neoclásicos dieron vuelta el ejemplo: ¿quién cree que los diamantes valen tanto porque tomaron tanto trabajo (de tierra o de capital) para ser producidos con respecto a otros bienes? El trabajo involucrado en una mina de diamantes es tan grande como otros procesos con menores valores. En la solución neoclásica, vemos la suma de factores “ las minas de diamante son muy raras - y la demanda “ los diamantes son muy codiciados.

Desarrollar la teorí­a de la demanda significa moverse a una idea más rica de la utilidad, del uso. Los diamantes parecen ser menos útiles, pero no lo son si se piensa en ciertos usos como hacerse ver, manifestar costos gestos simbólicos de amor, actuaciones de la riqueza. La economí­a neoclásica desarrolla una teorí­a de la utilidad más elaborada, donde los ladrillos son las preferencias subjetivas (necesidades relativas y deseos para diferentes bienes) de los individuos. Por eso, se la suele conocer como teorí­a subjetiva del valor.

Las teorí­as clásicas como la marxista sostienen que los factores subjetivos solo pueden ser causados por una oscilación corta y no por los precios naturales. Aunque es cierto que la teorí­a marxista realmente se apoya en un elemento subjetivo oculto. Por ejemplo, la idea de que lo que es socialmente necesario puede ser lo disponible tecnológicamente, pero también la demanda, percibida como necesaria por la sociedad. La revolución del marginalismo, fue decir que esos elementos eran suficientes, y dejar de buscar la sustancia secreta detrás de las interacciones de los mercados.

Una objeción a la teorí­a neoclásica es que no puede hablar de valores como algo distinto de los precios. De hecho, la idea de la teorí­a de valor pierde su significado para los economistas neoclásicos. ¿Pero para qué queremos una teorí­a del valor?

Hay más crí­ticas importantes a la teorí­a neoclásica. Por ejemplo, usan modelos de agentes económicos con preferencias fijas y asunciones racionales severas. Esta es una abstracción irreal y cargada ideológicamente. Podemos incluso sostener que en algunos casos ayudan a los economistas a adecuar las mediciones del valor y las predicciones de los mercados capitalistas- al menos, mejores que las teorí­as laborales del valor. Pero si queremos trabajar con teorí­as más profundas del sistema de cambio y otras relaciones de valor, no debemos quedarnos acá.

Estos problemas con la teorí­a subjetiva no deberí­an dirigirnos de nuevo hacia una teorí­a laboral del valor- o a cualquier teorí­a del valor substancial inherente a los bienes. No hay nada en considerar las necesidades, los usos, y los deseos que requiera que adoptemos modelos de la teorí­a económica ortodoxa. La teorí­a del valor de Marx lleva directamente a la noción de plusvalí­a, y de allí­ a su teorí­a de la explotación. ¿Si socavamos las teorí­as laborales del valor perdemos la idea de explotación? No.

Antes comenzamos a pensar en términos de relaciones de cambio sociales y de poder. Podemos pensar la explotación de esta forma. De hecho va a ser más obvio, más directo. La explotación es esencialmente un concepto de relación social y de poder, y no hace falta desviarnos mediante una teorí­a de valor para explicarla. Al menos algunos pensadores anarquistas estaban al tanto de esto: Kropotkin.

Una teorí­a del valor de la riqueza, Kropotkin

Muchos anarquistas tienen una teorí­a laboral del valor. Proudhon por ejemplo además de que influenció fuertemente la tendencia mutualista dentro del anarquismo; aunque otros estuvieran influenciados por Marx, como Bakunin que trabaja en una traducción al ruso de El Capital cuando se partió La Internacional. Kropotkin es en muchos casos el más astuto de los pensadores clásicos del anarquismo en lo que tiene que ver con la economí­a y se deshizo de la teorí­a de inmediato.

Sí­ tiene una teorí­a del trabajo, una teorí­a labora de la riqueza. Para Winstanley, la Tierra era un Tesoro Común regalado por Dios, aunque los humanos tuvieran que trabajar para darse cuenta de ello. 250 años más tarde, Kropotkin celebra cómo los humanos mejoraron el trabajo de Dios: ...el género humano acumuló inauditos tesoros. Roturó la tierra, desecó los pantanos, abrió senderos en los bosques, trazó caminos; edificó, inventó, observó, razonó; creó instrumentos complejos, le arrancó sus secretos a la Naturaleza, dominó el vapor. Algunos pasajes de Kropotkin son notoriamente cercanos a Locke : En el suelo virgen de las praderas de América, cien hombres, ayudados por poderosas máquinas, producen en pocos meses el trigo necesario para que puedan vivir un año diez mil personas. Donde el hombre quiere duplicar, triplicar, centuplicar sus productos, forma el suelo, da a cada planta los cuidados que requiere, y obtiene prodigiosas cosechas. Y en tanto el cazador tení­a que recorrer en otro tiempo cien kilómetros cuadrados para encontrar allí­ el alimento de su familia, el hombre civilizado hace crecer con menos trabajo y más seguridad, en una diezmilésima parte de ese espacio, todo lo que necesita para que vivan los suyos.

Pero también hay claras diferencias: para Locke la naturaleza mejoraba con la privatización y la propiedad individual del trabajo. Kropotkin cree en el progreso y la mejora, como buen hombre de su tiempo, pero eso es un trabajo común a la humanidad. La tierra es un tesoro común a todxs, hecho para todxs: Todo se entrelaza: ciencia e industria, saber y aplicación. Los descubrimientos y las realizaciones prácticas que conducen a nuevas invenciones, el trabajo intelectual y el trabajo manual, la idea y los brazos. Cada descubrimiento, cada progreso, cada aumento de la riqueza de la humanidad, tiene su origen en la conjunción del trabajo manual e intelectual del pasado y del presente. Entonces, ¿con qué derecho alguien se apropia de la menor parcela de ese inmenso todo y dice: Esto es sólo mí­o y no de todos"?

Aquí­ la interdependencia de la producción se vuelve un argumento en contra de la teorí­a laboral de la propiedad. Para Locke, soy un individuo autónomo, mi trabajo es mí­o y de nadie más, lo mezclo con la naturaleza y me la apropio. Para Kropotkin mi trabajo ya viene mezclado con el trabajo de todxs lxs demás. La interdependencia de la producción se vuelve en contra de la teorí­a laboral del valor. Si es imposible distinguir la contribución de cada trabajador o trabajadora individual, entonces tampoco es posible determinar la sustancia del trabajo en un bien particular: No puede haber medida exacta del valor de lo que impropiamente se ha llamado valor de cambio, ni del valor de la utilidad, en relación con la producción. Si vemos a dos individuos trabajando, uno y otro durante años, cinco horas diarias en beneficio de la comunidad y en diferentes trabajos que les agraden por igual podemos decir, en resumen, que sus trabajos son casi equivalentes. Pero no se puede fraccionar sus trabajos y decir que el producto de cada jornada, hora o minuto de trabajo del uno vale por el producto de cada minuto y hora del otro.

Kropotkin parece no haber estado al tanto del giro marginalista en la economí­a pero sin embargo hizo un llamamiento a una económica basada en la demanda: Abramos cualquier obra de un economista. Comienza tratando la PRODUCCIí“N, el análisis de los medios empleados hoy para crear la riqueza, la división del trabajo, la manufactura, la obra de la máquina, la acumulación del capital. Desde Adam Smith hasta Marx, todos han procedido de ese modo. Solamente a partir de la segunda o tercera parte de su obra tratará del CONSUMO, es decir, de la satisfacción de las necesidades del individuo, y aun entonces se limitará a explicar cómo se repartirán las riquezas entre los que disputan su posesión.

Sin embargo, Kropotkin no estaba interesado en una teorí­a del valor que explicara el cambio del capital y los precios. í‰l querí­a una nueva ciencia, una fisiologí­a de la sociedad: el estudio de las necesidades de la humanidad y de los medios para satisfacerlas con la menor pérdida posible de fuerzas humanas.

Robo y Asesinato

En 1982 el economista Marxista analí­tico John Roemer publicó A General Theory of Exploitation and Class, una teorí­a marxista de la explotación sin teorí­a laboral del trabajo. La teorí­a de Roemer colocaba la raí­z de la explotación en el poder de regateo de las clases propietarias. 80 años antes que él, Kropotkin habí­a sentado las bases de tal teorí­a de la explotación en La conquista del Pan.

Kropotkin comienza con la historia feudal- un barón toma un estado, un valle fértil. Pero como ya aprendimos, la tierra sola no trae grandes riquezas, tiene que ser trabajada. Entonces el barón atrae campesinos para que se establezcan allí­ y les da una parte de lo que producen. Esta es la teorí­a del plusvalor de Marx, aunque claramente no necesitamos de la teorí­a del valor para entenderla. El terrateniente le hace una oferta al campesino con su poder relativo de negociación. Cuanto más desesperado se encuentre el campesino, más lejos llega el poder del terrateniente, mas duro será el trato: Sin embargo, si cada agricultor tuviese un pedazo de tierra libre de cargas y además las herramientas y el ganado suficientes para la labor, ¿quién irí­a a arar las tierras del barón? Cada cual se quedarí­a en las suyas. Pero hay poblaciones enteras de miserables. Unos han sido arruinados por las guerras, otros por las sequí­as o la peste; no tienen animales ni herramientas.

Esta es una relación de poder, y de intercambio. El poder del terrateniente deriva de su derecho a propiedad sobre la tierra, su derecho a disponer de la tierra y elegir permitirle al campesino criar sus animales y trabajar sus tierras o no; y tal vez sobre las herramientas- un caballo, un arado. El campesino acepta un mal negocio con el terrateniente porque no le queda otra alternativa, ya que es un excluido de la división de la propiedad de las riquezas de la tierra. Así­, dice Kropotkin, la riqueza deriva de la pobreza: El terrateniente se enriquece con la miseria de los campesinos.

En el capitalismo es lo mismo, solo que aquí­ en vez de comenzar con la propiedad de las tierras se comienza con el control del capital “ bienes que se pueden usar para producir más bienes- directamente a través de activos de propiedad directamente, y a través del acceso financiero al préstamo. Pero de nuevo, el capital por si solo no te hace rico “ el secreto del éxito de usar esta propiedad de poder de negociación con trabajadores expropiados para obtener una parte de una nueva producción: Si en los contornos no hubiese más que hombres y mujeres cuya existencia estuviera garantizada, ¿quién irí­a a trabajar para nuestro burgués? Nadie consentirí­a en fabricarle, por un salario de tres francos por jornada, objetos comerciales por valor de cinco a diez francos.

Por eso para Kropotkin, como para Roemer, la base de la explotación es la distribución de la propiedad. Si todxs tuviera acceso igualitario a las riquezas del mundo, como decí­an los Diggers un derecho igual a la Tierra- no habrí­a explotación. La explotación emerge porque las distribuciones de la propiedad crean desequilibrio de poder, lxs propietarios pueden usar su poder para que les sea favorable para continuar ganando una parte desigual sobre la producción actual y futura, y reforzar la desigualdad de la distribución de la riqueza de la tierra, y acumular más poder.

Notemos que aquí­ la explotación, como todas las relaciones de poder, no es simplemente una simple imposición de la fuerza. El trabajador está libre, de hecho, para tomar o dejar el arreglo por su salario de subsistencia. El poder del terrateniente o del capitalista consiste en la habilidad para hacer ofertas, no amenazas. Es un sistema de violencia, pero no necesariamente al nivel del intercambio. De hecho, el uso básico de la fuerza es reforzar los derechos de propiedad que son la base del poder en las relaciones de poder. La propiedad llega, como dirí­an los Diggers, con los asesinatos y los robos.

¿Quién le teme a la justicia?

Anteriormente mencionamos una tercera forma de teorí­a laboral del valor, una teorí­a de la justicia distributiva en la cual a lxs trabajadorxs les corresponde el producto de su trabajo. Esta forma de teorí­a pertenece a los movimientos socialistas marxistas y fue importante en su influencia sobre el mutualismo anarquista. Aunque de ningún modo es el único reservorio de pensamiento socialista. De hecho, aparece en la teorí­a de la propiedad de Locke como teorí­a laboral del trabajo en este tercer sentido: el trabajo establece el derecho a propiedad, esos derechos de propiedad determinan quiénes tienen qué.

Marx mismo, si tomamos sus palabras, rechazó esta teorí­a porque estaba interesado en explicar el trabajo del capital y no evaluar si era correcto o no de acuerdo a algún estándar trascendente de justicia. El marxismo se supone es positivista, cientí­fico, teorí­a del valor libre, le dicen. El movimiento de la historia es inevitable, y los teóricos marxistas, entonces no deben pensar en la ética, que incluye la noción de justicia.

De allí­ que una vieja crí­tica de la vieja escuela marxista de las teorí­as de derechos de propiedad de explotación tales como la de Roemer dice que empiezan de un estándar de justicia. La crí­tica no es relevante, se podrí­a decir así­ es el mundo, la desigualdad crea condiciones de poder que refuerzan esas desigualdades sin llamar a esto desigualdad e injusticia.

Pero si decimos que lxs trabajadorxs tienen derecho a lo que producen, esa es una teorí­a de la justicia. Si decimos la tierra es un tesoro común, nadie tiene el derecho a apropiarse de una parte para su uso privado, esa es una teorí­a de la justicia. En la primera parte conectamos la justicia con la distribución de las acciones individuales: me corresponden estos bienes porque los trabajé. En la segunda, importan las necesidades individuales, y no las acciones pasadas.

Lxs marxistas desdeñaran conectar la teorí­a con posiciones éticas. Lxs anarquistas no tienen este problema, y no hay razón por la cual no deberí­amos hacer explí­citas las ideas de justicia cuando pensamos en una economí­a anarquista. De hecho si no hacemos explí­citas nuestras posiciones éticas, igual entrarán subrepticia e implí­citamente. Pero esta es otra discusión.

Comentarios

Leonor

Leonor alguna vez trabajaste? hablo de trabajo manual!!! sos carnicera? crees que cortar un bife de la nalga o del pecho tienen el mismo tiempo de trabajo, aunque al gusto sean distinto?
Hay leonor en vez de criticar ponete a construir ahhh y no hablo de contruir tu morbosidad sexual que bastante amoral es.... asique de moralidad mejor ni hables.

Leonor pequebusss ojo a los demas que leonor esta cerquita de K sino chequeen en las internas de pag12 y hasta no se si no es servilleta

Un esfuerzo interesante que carece de sentido

Es interesante el planteo de que el anarquismo no necesita la teorí­a del valor creada por Marx. Pero la solución es insatisfactoria. El planteo marxista de la teorí­a del valor, aunque el autor diga que no lo tiene, y aunque Marx, Engels o cualquier otro haya dicho lo mismo, consta en no tan ultimo termino de una noción de justicia. Porque el marxismo no plantea que los proletarios tienen que imponer su dictadura para dominar a otra clase, y por tanto mantener la estructura de clases, sino abolirlas, instaurar un régimen libre de clases, la emancipación del hombre por el hombre. Ahora, aunque como anarquista crea que esto es un imposible (el mantener el Estado para destruir las clases, etc), no puedo negar que un "ideal de justicia" este moviendo la organización de los marxistas en pos de un cambio social. Por tanto, sostener que la teorí­a del valor marxista es inutil porque carece de contenido moral, es una tontera.

Estoy de acuerdo con la necesidad de crear nuestras propias herramientas conceptuales libertarias para que nos ayuden a lograr la revolución, y posteriormente a esta, refundir la sociedad sobre bases igualitarias, donde no haya oprimidos de Ningún tipo. Pero no me parece que la ví­a correcta sea por una simplificación excesiva de los marcos teoricos. Por eso me asombro que el autor haga un estado de la cuestión tan corto sobre las diversas teorí­as económicas anarquistas. Reducir a Proudhon a una sola mención al paso, sin mencionar sus aportes (mas o menos errados) a la economí­a, me parece errado. Creo que es un tema muy rico, pero que con este artí­culo no nos acercamos a una solución, sino que es mas, nos aleja mas del punto, y de la necesidad de elaborar conceptos. No hay que sobrevalorar el poder "explicativo" de la "noción de justicia". Son necesarios mas conceptos auxiliares. Una teorí­a del valor anarquista serí­a algo util.

la muerte de la familia

criticar a marx, diciendo que debemos tirar a la basura parte de su obra me resulta más que indignante, cómico ya que desborda ignorancia.

.

yo

pero sólo tenemos que pensar en el caso de una vaca: todas sus partes han costado el mismo tiempo de trabajo para convertirse en material comestible. Sin embargo, un kilo de chuletón vale mucho más que un kilo de hí­gado. Y eso depende de la utilidad (o sabor) que encontramos en cada una de esas dos partes.

ME DAS ASCO, HABLAR DE UNA VACA COMO UTILIDAD, CHUPALA GATO

La utilidad

Pero la teorí­a del valor marxista como valor trabajo, es decir, que el valor de cambio de una cosa reside en las horas de trabajo necesarias para producirla, la derruyeron los economistas neoclásicos con la teorí­a de la utilidad marginal. Veamos lo que decí­a Jevons alrededor de 1870: "Las repetidas reflexiones e investigaciones me han llevado a la conclusión, algo original, de que el valor depende enteramente de la utilidad". Eso es algo inexacto, pero sólo tenemos que pensar en el caso de una vaca: todas sus partes han costado el mismo tiempo de trabajo para convertirse en material comestible. Sin embargo, un kilo de chuletón vale mucho más que un kilo de hí­gado. Y eso depende de la utilidad (o sabor) que encontramos en cada una de esas dos partes.

diggers

Muy interesante el artí­culo.Es interesante saber que los diggers y los levellers eran cristianos.Hay un anarcocristianismo, representado por León Tolstoi, Jacques Ellul y Carlos Dí­az, entre los que conozco.Una corriente interesante.

Enviar un comentario nuevo

CAPTCHA
Esta pregunta es para prevenir el spam.
12 + 6 =
Solve this simple math problem and enter the result. E.g. for 1+3, enter 4.