La desaparición de Julio López muestra una vez más lo que sucede todos los días frente a nuestras propias narices y pareciera que algunos, la mayoría, no lo quieren ver, o lo ven en parte sin darse cuenta de la relación estrecha entre unos hechos y otros.
Me estoy refiriendo a las mafias, que están comandadas por los políticos, ya sea desde el Estado, (Ejecutivo, Legislativo, Judicial), o por fuera, (oposición, clubes, sindicatos, etc.), para desbaratar cualquier intento de denuncia, rebelión, o simplemente competencia política. Si bien para los gobernantes de la Nación y la provincia de Buenos Aires, esta desaparición es un hecho político adverso, puesto que quedó en evidencia que las instituciones que hacen a la seguridad no están para defender al pueblo, y por otra parte, tienen una ganancia para nada despreciable, ya que con un simple hecho volvieron a instaurar en la sociedad el "no te metás". Es muy inocente pensar que la Policía o la Side son ineficientes frente a estos hechos; todo lo contrario: es justamente cuando estos se producen, que son muy eficientes. Puede citarse el asesinato de los piqueteros de Avellaneda, el de la maestra en Neuquén, el de Plaza de Mayo en la represión de De la Rúa, el apriete al fiscal en la investigación del oro, el crimen de Cabezas y tantos otros que harían interminable la lista, y en los que las mafias ganaron de lejos sus pleitos, aunque hayan tenido que pagar bajos precios por alguno que otro que fue preso, lo que conociendo el sistema carcelario, no implica ninguna pena de cumplimiento efectivo, o mejor dicho con "efectivo" lo arreglan todo. ¿Quién paga? La mafia no tiene problemas para resolver eso, véase, por ejemplo, el caso Blumberg: este chico, como tantos otros, fue secuestrado para obtener dinero con el fin de mantener ese aparato para-estatal. Es el caso de las barras bravas en el fútbol, delincuentes contenidos en un club, para dar el golpe cuando se necesita, igual que en los sindicatos que, como ya vimos, anduvieron a los tiros, entre camioneros y albañiles, por un espacio de poder y los que tiran no son justamente trabajadores, sino delincuentes con frondosos prontuarios.
También el gobierno les da una mano, como cuando les hace pagar un impuesto a los fleteros, para poder circular en la calle, lleven o no carga, y es recaudación directa para Moyano.
La desaparición de Julio López, el único testigo, es el ejemplo más evidente de los últimos tiempos, en donde democracia quiere decir dictadura y las elecciones son opciones entre los dictadores que "aceptemos" que nos gobiernen.
Por último quiero relacionar lo antedicho con "la mano dura" que piden muchos, sobre todo los que fueron víctimas de robos y asesinatos en sus familias a mano de delincuentes, y que quizás piensen que leyes más severas bajarían estos desgraciados índices. En tanto y en cuanto el sistema, como acabo de denunciar, sea tan corrupto, es decir haya unos pocos que rijan la vida de la mayoría, aunque se llame democracia, es inútil cualquier medida o acuerdo, ya que la burlarían de la misma manera que lo hacen ahora con la ley. Por lo tanto, la única solución, la verdadera, es más libertad y para eso habrá que pensar en un sistema horizontal y transparente.
Hay que seguir luchando, denunciando, y si nos dejan, viviendo, pero con los ojos bien abiertos.
por Ricardo
Para ver el resto de la publicación El Libertario - Nro 64 - Otoño 2007, aquí



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