Racionalidad Socialista Libertaria

A propósito de Feyerabend
y otras notas de El Libertario

Feyerabend aclaró que no es anarquista en lo político y sí en epistemología, porque propone que no resulta imprescindible aplicar métodos científicos para lograr resultados en las ciencias. En su libro Contra el Método [página 11 de Ediciones Orbis] señala: "...el anarquismo –que no es, quizá, la filosofía política más atractiva– puede procurar, sin duda, una base excelente a la epistemología y a la filosofía de la ciencia".

Sigue con una cita "revolucionaria" que lo respalde ¡de Lenin! Esta confusión se parece al del yanqui que hablaba de Buenos Aires, capital de Río de Janeiro.

El uso de la palabra "anarquismo" en epistemología carece de sentido, es como decir sabor electrificado o diptongo amarillo. Lo de anarquismo pertenece a las ciencias sociales y no cabe aquel otro uso, donde es un término extraño. Feyerabend debió llamar a sus teorías con otro nombre. Tampoco merece el título de anarquista por sus justas críticas a los poderosos y a los científicos que les son cómplices en el uso del conocimiento para dañar, esto también lo condenan muchas personas que no conocen el anarquismo. No debió asimilar a aquellos depravados con la encomiable tarea de crear conocimiento racional de la realidad, tarea de la mayoría de los científicos. Cuando se confunden estas elementales nociones hay motivos ajenos a una teoría general de las ciencias.

No es su única confusión. Veamos.

Método es el ordenamiento racional de los pasos a seguir a fin de lograr un propósito. Como el método es un orden, es opuesto a desorden, caos y lo que está fuera de cualquier rigor metodológico.

Desde los precursores, los anarquistas sostenemos que lo nuestro es la forma superior del orden. Por el contrario el lenguaje de la dominación hizo sinónimos a caos y anarquismo, para agredirnos. Nuestros enemigos usan como sinónimos a caos y anarquismo, Feyerabend también.

No es esta nota el lugar pertinente para tratar si hay límites de método en las formas de investigar, que a veces son desconcertantes. Es diferente de la necesidad de someter el hallazgo científico a un método para validarlo
(contexto de justificación) que debe ser riguroso. Lo útil de los ataques de Feyerabend es haber obligado a afinar estos conceptos para responder a sus cuestionamientos. Este tema transita por el posmodernismo en cuanto a planteos sobre la certeza del conocimiento que, de manera tangencial, analicé en el número anterior de El Libertario donde adhiero a Sok al quien, con citas de Russel, Chomsky entre otros, llama contrarrevolucionario a aquél pensamiento en su libro Imposturas intelectuales.

Preocupa que enganchen a socialistas libertarios en este relativismo de los posmodernistas, propio de un neo-romanticismo que pone el acento en la voluntad sobre la razón.

Entre los casos de este tipo se encuentran los cañistas justicieros, así los llamo ya que no uso el lenguaje de los enemigos, que los tacha de terroristas. Meses atrás me había propuesto polemizar con ellos, pero cambié de opinión, no lo haré, no vale la pena y por varios motivos.

El primero: están enrolados en esa actitud que prioriza el accionar sin importarles las consecuencias, menos las razones, y esto no da espacio a debatir con seriedad. Lo muestran sus pobres respuestas a mis críticas de un año atrás, que me ahorran comentarios. Los que participan de dichas posturas no cambiarán por argumentos racionales, y los que no acuerdan con ellos, la mayoría de los compañeros, creo que están satisfechos con lo expresado en aquella oportunidad.

Otra razón: si bien soy socialista libertario no violento, a quienes difieran al respecto los considero mis compañeros, ya que tenemos un amplio campo en común para trabajar. Lo único que me preocupa seriamente son las acciones clandestinas, por las razones que ya expliqué. Estos cañistas justicieros hasta ahora no cometieron errores que nos perjudiquen y los dañen. Por ello no quiero ahondar diferencias y deseo colaborar con ellos en lo que no es violento, que abrirá fecundos acuerdos. Además espero que con lo dicho, que es bastante, cerremos el debate, y así facilitaremos el diálogo.

No me preocupan sus enfrentamientos con los policías en las manifestaciones, aunque me parezca que se someten a un sacrificio estéril. Respeto esta opción.

Sin embargo, a pesar de que no quiero debatir con los cañistas justicieros, el tema de la racionalidad me lleva a considerar el argumento que estimaron como el más fuerte
que tenían en contra de mis opiniones. Sirve para mostrar hasta dónde se cae cuando se busca justificar la voluntad por encima del raciocinio.

Se trata del cambio de eje del razonamiento en el tema de los resultados del accionar clandestino donde sostengo que sirve a los más reaccionarios propósitos y que lo inducen los agentes que les infiltra el Estado a estas formaciones. Para contestarme algunos cayeron en el ridículo de considerar que sostenía la teoría de los dos demonios, a pesar de que la denosté de forma expresa. Por anarquistas sabemos que no se equiparan los ingenuos bien intencionados con el Estado terrorista que, impune, es un monstruo grande y pisa fuerte. ¡Hasta allí llegan las chicanas de los que no pueden contestar con argumentos!

Como este insulto no es creíble, ellos usaron otra salida, cambiar el eje del tema en debate, que atenta contra la racionalidad del mismo. Sostenían que no servían mis ejemplos porque lo de ellos es el anarquismo. Si me dejase llevar por este ardid les contestaría con casos como el de los anarquistas del Narod naia Volia, quienes facilitaron la vuelta al poder de los zaristas rusos más reaccionarios y, además, tanto dañaron al movimiento libertario que este cedió protagonismo a los marxistas.

Pero este procedimiento no se debe admitir, pese a que la refutación, como en este caso, pueda ser concluyente. Sirve a la razón que se señale que el debate no es sobre lo doctrinario sino sobre las estrategias y tácticas. Se debe insistir con los ejemplos del resultado de acciones clandestinas, como con las Brigadas Rojas, que evitaron la salida de Italia de la NATO matando a Aldo Moro; los Montoneros, que al ejecutar a Aramburu protegieron al gobierno del franquista de Onganía; el ataque a las Torres Gemelas, que le sirve de pretexto a aventureros imperialistas; el asesinato de Mahatma Gandhi, que evitó los efectos en el pueblo de su declaración de poco tiempo antes a favor a un estricto anarquismo no violento. Los que de esta manera proceden han favorecido a los más siniestros intereses, aunque en contra de sus voluntades. Si bien todos estos difieren en cuanto a sus propósitos, o sea sus objetivos finales, todos se identifican en lo que se refiere a procedimientos (cañistas justicieros incluidos), en cuanto que logran resultados contrarios a sus objetivos, y por la forma de obrar, que les es común, y los inevitables resultados.

En síntesis: el eje de la cuestión es si son ingenuos útiles –que es lo que sostengo– o no, que ni quisieron cuestionarme, porque no pueden. Tengamos presente que el cambio de eje de una discusión atenta a la racionalidad de un debate.

Apuesto a favor de la racionalidad, que no desecha otros aspectos humanos como los afectos, ni es el racionalismo, que es una doctrina filosófica.

La racionalidad no es privilegio de pocos.

Casi todos nos empeñamos en usar criterios racionales para obrar y lo muestran la abundancia de artículos sobre cuáles deben ser nuestras modalidades en el obrar a favor del socialismo libertario, que aparecen en casi todos los números de este periódico. En tema tan importante tenemos diferencias de criterio, pero es útil que nos metamos en este fructífero debate y nos olvidemos de teorías peregrinas.

por Pepe Bodrero


Para ver el resto de la publicación El Libertario - Nro 64 - Otoño 2007, aquí



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