Sobre la actitud hacia el compañero

otra colaboración, para el debate

Vaya expresarme muy brevemente, y sin embargo espero que nadie tome a mal si en presencia de un grupo tan hermoso de gente, que merece algo más que mi consejo, me propongo decir lo que siento y espero que ninguna de mis palabras podrá herir, ni siquiera lastimar a nadie y afirmo que al pronunciarlas no me acompaña más que un solo deseo y no me guía más que un solo motivo: la unidad de todos los compañeros.

Dejaré caer mis palabras sobre sus almas, de ustedes exclusivamente depende la suerte que a ellas les está reservada. Nosotros, como anarquistas, conocemos bien lo que significa ser víctimas de tenaces calumnias, y nos bastaría abrir al azar cualquier diccionario para verificar con cuánta ignominia se ha querido manchar nuestro nombre, acompañado por el aplauso de toda la prensa enceguecida, convirtiéndolo en sinónimo de desorganización y caos. Esa desinformacion ha tenido un progreso alarmante y ha llegado a ser mundial. Hemos debido soportar propagandas brutales organizadas, abiertas o disfrazadas, una marea de insinuaciones y acusaciones en nuestra contra. Además de la implacable e inmensa injusticia lanzada por todos los mecanismos de propaganda, se ha perseguido, se ha callado, se ha torturado, se ha desterrado, se ha condenado y matado con el solo fin de que el movimiento no florezca. Siglos de persecusión no pueden borrarse en un día. Se nos ha querido hacer culpables cuando, en realidad, fuimos víctimas. Hoy el movimiento es pequeño y lleno de conflictos internos, diferentes modos de organización hacen que el sueño de un anarquismo unificado se vea truncado. Se escucha en todas las voces “nosotros somos de este grupo, nosotros de aquél” y frases como: “aquellos son traidores, envenenan al movimiento”. Un océano separa a los compañeros. Cuando en realidad deberían luchar todos juntos. Pongamos un ejemplo, supongamos que tenemos un compañero que abunda en estupideces, su ideario de organización no es más que un tejido de incoherencias y su programa financiero es un abismo de contradicciones... ¿Qué haríamos con él? ¿Diríamos que es un traidor? ¿Que nada tiene que ver con el movimiento? En todo caso, ningún anarquista tiene el derecho, para satisfacer sus prejuicios o sus odios, de declarar traidor o maldito a sus compañeros a los que debería instruir, educar y nunca condenar.

Comprendo con creces que en todos los debates se ven los deseos, las pasiones, los temores, las furias y hasta los sueños y los rencores, pero deberíamos ser un poco más moderados para no llegar a herir a nadie y unificar el movimiento. Todos merecen que no los rechacemos, el último asilo en el cual se refugia la dignidad del hombre. Todos merecen que nosotros les abramos la puerta de nuestra compasiva simpatia.

por Julio César Ramundo


Ver el resto de la publicación El Libertario [Argentina]. Número 65. Invierno 2007

actitud hacia el compañero

¡debemos educarlos? educar me suena "domesticar" no sería mejor autocrítica, aceptar a la otra persona como es y poner límites amorosos? No tengamos temor al afecto, es lo que nos diferencia de los partidos, donde se puede tener amigxs pero la competencia la lucha por el Poder es evidente e ineludible. saludos Yuyo triste

comentario

estoy totalmente de acuerdo contigo en lugar de ofender y rechasar a nuestros compañeros diciendoles ignorantes, traidores y otra clase de estupideces debemos educarlos para que este hermozo movimiento de amor y solidaridad cresca y dia a dia se comvierta en una utopia hecha realidad Por: Jose Manuel Lomelin

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