Consideraciones colectivas por parte del
grupo editor de El Libertario
No resulta fácil consensuar un texto, mucho menos una acción concreta, cuando, frecuentemente, hasta la elección de una palabra puede llegar a producir interminables debates, caminos argumentales cíclicos, o tal vez enemistades manifiestas. Agradecemos la carta enviada por P. Rossineri porque nos hace dar cuenta de malentendidos que existen, alimentados, posiblemente, por no expresarnos explícitamente sobre determinados asuntos.
Hasta el momento no habíamos pensado necesaria la aclaración de que “las afirmaciones vertidas en cada artículo publicado en este periódico corren por cuenta de su autor y no reflejan necesariamente la opinión del grupo editor” (y mucho menos, añadiríamos, del colectivo FLA). En cierta manera, creemos que la “línea editorial” se manifiesta observándose el mismo conjunto diverso de las opiniones vertidas en los sucesivos números de esta publicación. Tanto para la línea editorial como para la concepción del carácter “anarquista” o “libertario” (no vamos a ponernos en este momento a definir palabras). Expresándolo de otra forma: nuestra línea editorial consiste en no “bajar línea”.
Editamos esta publicación con la intención de que sea un vehículo de ideas, intercambio, información y debate entre las personas y colectivos que participan en la FLA, sin menospreciar las colaboraciones espontáneas o requeridas de ajenos a la misma. La única “censura” aplicada, como bien lo saben quienes escribieron alguna vez aquí, consiste en limitaciones de espacio y de “libertades” sintácticas u ortográficas confusas.
En el mismo espacio en que Carlos Solero y Pepe Bodrero expresaron sus opiniones sobre la corriente insurreccionalista, también lo hizo Rodrigo, de manera crítica hacia los anteriores, en el número siguiente. P. Rossineri también tiene el suyo en esta misma edición (ver, además, página 8). Marcos Pereyra, quien pertenece al grupo FLA-Capital, firmó el propio.
Todos los que conocen suficientemente, tanto la historia como la actualidad de los conjuntos de grupos/colectivos/individualidades que se autodenominan anarquistas o libertarios, y coexistentes en un mismo tiempo histórico, saben que nunca o pocas veces tuvo ni adquirió una forma homogénea predominante. Tal vez se a ésa su característica unificadora más llamativa.
Otra cuestión planteada recorre los laberintos históricos de la FLA, entre otras organizaciones. Como bien dice el compañero P. Rossineri, los pensamientos y acciones varían en función de los recambios generacionales, así como también lo hacen -agregamos nosotros- las versiones e interpretaciones sobre dichas acciones. Se realizan ciertas narraciones -algunas falsas o, por lo menos, demasiado parciales- de sucesos, dejando el contexto apropiado para que el lector rellene los huecos de la manera más sus picaz posible.
En un mismo análisis expositivo sobre hechos relatados de segunda o tercera mano, una organización puede quedar clasificada como “liberal”, “filo-estalinista”, “socialdemócrata”, “golpista” y “beneficiaria” de algún personaje famoso. Calificaciones un tanto excesivas cuando se trata de evaluar a acciones de simples individuos de una simple generación de un movimiento minoritario desde hace varias décadas, enfrentando, casi siempre, entornos complejos.
Para terminar (ya saben que el espacio es tirano), celebramos y agradecemos nuevamente el intercambio propuesto por el compañero P. Rossineri. Superando otro malentendido, nos satisface saber que no somos considerados enemigos, por lo menos por algún integrante del grupo Libertad!.
Salud y libertad.
Grupo editor de El Libertario.
Ver el resto de la publicación El Libertario [Argentina]. Número 65. Invierno 2007

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