El problema de la falta de participación se da en todos los niveles de la sociedad. Y la Universidad no es la excepción a la regla.
El problema no se reduce sólo a la falta de participación en aquellas cuestiones de las cuales una persona es parte, sino también a las posibilidades de participación que otorgan los espacios.
Nosotros somos estudiantes, nuestro ámbito de interés debe ser la educación y las cuestiones que hacen a la Universidad toda, incluido el hecho de que ésta no sea sólo un ámbito cerrado, sino todo lo contrario, que tenga inserción social en las problemáticas que les son propias y en el proceso de adquisición de conocimientos.
Lamentablemente, la Universidad, en la mayoría de los casos es vista como un lugar en donde realizarse individualmente para poder formar parte del sistema, en el mercado, a través del título obtenido. A esto hay que sumarle el círculo cerrado de erudición donde se genera material y conocimiento, no para insertarse socialmente, sino para ser parte de la elite de grandes profesores, investigadores y científicos.
Vaciamiento, falta de presupuesto, clientelismo político, perpetuación del poder, falta de concurso, profesores, contenidos, todos estos síntomas se dan porque los que hacen política y negocios con la Universidad no encuentran oposición en aquellos para quienes está destinada la educación, que somos los estudiantes y la sociedad en general.
El desentendimiento de la realidad universitaria permite que aquellos que tienen intereses políticos y personales hagan de la Universidad un instrumento que nada tiene que ver con su verdadera esencia. Porque debemos decirlo: hay quienes participan sólo para beneficio personal o político-partidario. Y dentro de la política partidaria la participación es limitada. Ligado por tradición a los intereses políticos-ideológicos de los partidos, la visualización del problema de la educación y la Universidad se limita a éstos, lo que arrastra en muchos casos a objetivos puntuales, a sectarismo político, a pactos y arreglos con el poder. Además de lo difícil que es participar si uno no es parte de una agrupación partidaria, aunque se esfuercen quienes la lleven adelante en decir lo contrario.
Los estudiantes debemos generar espacios de participación más amplios, que logren reunir compañeros y compañeras y se transformen en verdaderas herramientas para el cambio, donde nadie nos diga qué hacer ni cómo, sino donde nuestras opiniones valgan, donde se generen debates no condicionados por ideologías político-partidarias.
Este debe ser el desafío que debemos asumir todas y todos los estudiantes de nuestra facultad. Un desafío que se sustentara en la organización, la solidaridad y la lucha permanente.
Colectivo Autónomo de Humanidades
Boletin Nro. 6. Año 2.

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