Ni fulano, ni mengano: ni rector, ni decano

Ni Fulano Ni Mengano: Ni Fulano Ni Mengano: Ni Rector Ni DecanoLa universidad cada día está más lejos de ser uno de los motores del cambio social y un espacio de reflexión y formación de individuos críticos. Su función claramente se reduce a las exigencias del sector privado o a las arcas del estado. Las consecuencias de esta concepción autista y reducida de la educación las visualizamos y sufrimos todos los días con problemáticas que restringen el ámbito universitario a las mayorías y que se agudizan todos los años: insuficiencia presupuestaria, falta de bandas horarias, escasez de becas, etc. Sin embargo, estas problemáticas no surgen por generación espontánea, como tampoco por la “inmoralidad” de las autoridades y los sectores beneficiados (“camarillas docentes”), ni por estatutos “injustos”. Son naturalmente las consecuencias de un orden dominante que los estudiantes venimos legitimando desde la caduca reforma del '18 (90 años!) hasta el día de hoy, de una estructura que se lo permite y de la inmovilidad del estudiantado a la hora de dar respuestas y hacer valer su mayoría real. Ahora bien ¿de qué forma alimentamos nuestra propia obediencia? En primer lugar en la “participación” de estructuras rígidas y excluyentes. Un claro ejemplo de esto es el C.E.H, el cual no es ni un órgano gremial ni nada que se le parezca, por el contrario, es la forma de organización más inocua y “tibia” que podemos utilizar como herramienta de lucha. El centro de estudiantes aunque algunas veces adquiera carácter “progresista” es lisa y llanamente una corporación institucionalizada más dentro de la universidad. Una corporación representada por “estudiantes circunstanciales” (¿o políticos profesionales?) que inevitablemente “aceptan” convidados de piedra como son la participación en instancias superiores como el consejo académico, y demás instancias que le garantizan intereses al partido y no a los estudiantes. Estos “compañeros” entre las tantas decisiones que toman por nosotr@s, son los que deciden, junto a los otros dos claustros, las autoridades que gobiernan nuestra universidad, como en este caso el rector. Por lo tanto, sin poner en tela de juicio sus innegables banderas políticas a las que representan, son los que legitiman el orden que venimos describiendo. Similar es el caso de exclusión de los otros dos claustros: minoría de titulares en el caso docente y graduados, para no hablar de los no docentes que nisiquiera cuentan con representación mínima

Entonces, como estudiantes autónomos, el primer planteamiento que debemos hacer es el siguiente ¿funciona un órgano de cogobierno (docentes, alumnos y graduados) por más que llegase a ser igualitario, si está integrado por claustros o, como bien dijimos anteriormente, por corporaciones legítimamente institucionalizadas, con intereses egoístas? La respuesta está a la vista... años enteros y todavía no le pudimos sacar al estado ¡un comedor! Por ello, para comenzar a hablar de democratización de la universidad debemos comenzar con un ¡no!, con una negación, que se rehuse a participar a los juegos que nos invitan a jugar. No participamos porque queremos construir relaciones sociales nuevas dentro de la universidad, distintas a las que uds nos proponen. Es decir, rechazamos la idea de claustros, de autoridades (rector, decano, director de departamento y demás formas de centralización burocrática), de representación, y otras formas en las que se encarna la dominación.

Cuestionamos la conformación de las cátedras, las cuales no son otra cosa que “feudos” a las cuales una vez que se accede sólo la jubilación o la muerte los separa a los titulares de ella (no alcanza con registros de antecedentes, ni con concursos), nos negamos por completo a reducir las capacidades de acción de todos los compañer@s a un simple acto electoral ¿acaso necesitamos de la figura de un rector, de un decano o de un C.E.H para estudiar? Para esto se vuelve necesario comenzar a hablar de una “comunidad educativa”, organizada en verdaderas asambleas, que incluya tanto a alumn@s, docentes, graduados y no docentes, que reivindique mediante acciones directas sus demandas, y que deje de lado los intereses o negocios (donde los “estudiantes” también los tienen). En otras palabras, que la universidad deje de ser un medio para realizarse individualmente (carrera política, académica, etc.) -¿a veces cuesta diferenciar los objetivos de los estudiantes en la universidad y los de un empleado de una multinacional?-, que deje de lado exigencias elitistas como pedir EXCELENCIA ACADÉMICA, cuando la mayoría de los compañeros se quedan excluidos del sistema educativo. En fin, que ubique a la educación en el lugar que se merece: una herramienta más que nos ayude a ser mejores como individuos y como sociedad.

No nos alcanza sólo con reformas educativas (o rechazando la LES), ni con las reformas de estatutos. Con esto, a lo sumo, cambiaremos algo, para cambiar muy poco. Necesitamos una verdadera revolución educativa, como en su momento lo fue la reforma del 18, pero que hoy ya no lo es. Contra ella y sus principios nos debemos dirigir.

EN BUSCA DE LO IMPOSIBLE ES QUE EL HOMBRE HA REALIZADO LO POSIBLE, LOS QUE SABIAMENTE SE HAN LIMITADO A LO QUE LE PARECIERA POSIBLE, NO HAN DADO NUNCA UN SÓLO PASO.

MIJAIL BAKUNIN

¡Ni fulano, ni mengano: ni rector, ni decano!

Por una educación autónoma y libertaria...

Colectivo Autónomo de Humanidades

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