BOLIVIA HOY:
ANARQUISTAS, A PESAR DE TODO
Esas situaciones de presentación “dialéctica” que parecen ejemplificar en términos simples y maniqueos “la unidad y la lucha de los contrarios” inducen fácilmente a error: eso es precisamente lo que ocurre en la Bolivia de nuestros días, en la cual, por la radicalización y la gravedad de los acontecimientos ocurridos luego del referendum revocatorio del mes de agosto, daría la impresión que los anarquistas debiéramos hacer a un lado nuestras concepciones de fondo y tomar inmediatamente partido por la menos mala de las dos y sólo dos fracciones en pugna; una disyuntiva falaz pero conocida en la agitada historia de nuestro movimiento y que en algún momento se conoció como “doctrina del mal menor”. Simplemente a modo de ejercicio, puede decirse que estamos con los departamentos “autonomistas” y con su falso e hipócrita discurso “descentralizador” y tal vez hasta “federalista” o nos plegamos al proyecto de cambios “progresistas” y hasta “revolucionarios” encarnado en estos momentos por las instituciones del Estado y por el Movimiento al Socialismo (MAS) del presidente Evo Morales; nos alineamos con las bandas racistas de la Unión Juvenil Cruceñista y con los crímenes incalificables del prefecto de Pando y sus sicarios o suscribimos a pies juntillas la quimera de construir en tierras bolivianas un capitalismo autóctono que algunas imaginaciones desbordantes han querido adjetivar como “andino-amazónico”.[1] Ahora seriamente: si ésas son las opciones ¿puede plantearse otra alternativa -así sea por razones de salud mental- que perseverar inclaudicablemente en la forja de un camino propio? La respuesta quizás resulte obvia pero no lo es tanto si se piensa que tal vez algunos compañeros puedan sentirse tentados de seguir esa opción que no nos satisface por entero pero que ciertas opiniones más o menos extraviadas entienden -mediante una absurda concepción evolutiva y lineal de la historia, refutada una y mil veces- que constituye un camino de avance lento pero seguro hacia la realización de nuestros objetivos finalistas. Opción ésta que resulta menos sorprendente en la medida que recordemos que en nuestro trajinar han habido y todavía hay, muy confusamente, anarco-batllistas, anarco-peronistas, anarco-castristas, anarco-guevaristas, anarco-chavistas, anarco-masistas y cien mediatizaciones y adulteraciones más. Ergo, se trata ahora de pensar las razones y las formas para seguir siendo, sin demasiados miramientos ni concesiones, rabiosa e intransigentemente anarco-anarquistas; en la actual coyuntura boliviana y en cualesquiera otras que se nos presenten por cuentagotas o en tropel, de aquí en más.
